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ARCANGELES



SAN MIGUEL ARCANGEL





Al principio de los tiempos cuando no existía nada, todos los ángeles estaban reunidos en torno al Señor, esperando la señal que del El viniera para ir hacia los mundos y co-ayudar en la Creación, pero una disención entre los ángeles, desató la polémica primero y la guerra de los cielos después.

Sucedió que llegaba el instante de la creación del hombre. Hubo ángeles que querían al hombre perfecto, superior, a la misma altura de ellos, por eso no escatimarían esfuerzos en lograrlo y estaban dispuestos a hacer sus mejores obras. Otros ángeles en cambio, querían que el hombre y su conciencia fuera ascendiendo en el plano universal a través de escalas hasta llegar a Dios y su perfección, a través del trabajo diario y por los siglos de los siglos. Esto era para asegurarse que el hombre, a pesar de su lentitud en lograr la perfección, algún día llegaría a Dios totalmente conciente y con sus capacidades acrecentadas. Según las historias más antiguas de la tierra, que se encuentran en libros de miles de años y que se conservan en oriente, hubo otras humanidades en la tierra, aquellos primeros seres humanos no fueron perfectos y fueron destruidos.

Este fue el motivo principal de la polémica. Unos querían que el hombre fuera perfecto desde el principio, y si se equivocaban destruirían la creación del mismo hasta lograr un ser superior, y los otros querían la vía de la ascención. Los ángeles que no estaban de acuerdo con tal de no movilizarse, en su negativa, decidieron continuar durmiendo en el seno de Dios, pero esto ya no era posible porque el universo comenzaba a expandirse irremediablemente.

De los ángeles rebeldes, hubo uno que logró ponerse a la cabeza de todos, su nombre era Shaitan, el adversario, el que desafió al resto de los ángeles y a Dios mismo. El pecado de este ángel fue el de la soberbia, porque dijo que él lograría hacer al hombre tan superior o más que a los mismos arcángeles. Este ángel expresó su entusiasmo con voz estruendosa diciendo: ¿Quien como yo? a lo que el siguiente ángel en el orden jerárquico le respondió: Te equivocas; ¡Quién como Dios!

Miguel era el primer arcángel en la jerarquía de los cuatro, acompañado por Gabriel, Rafael y Uriel. Se encontraba a la cabeza de los cuatro puntos de luz por ser el que más cerca del centro del universo estaba. El dominio de Miguel era el fuego, el que fuera encendido por un ángel anterior de nombre Luzbel, solo que éste tenía la misión de encender la chispa primigenia en todos pero que no podía equilibrar sus fuerzas por tener la misión de encender al universo, no de mantenerlo. Mientras que Miguel conserva y cuida que el fuego del universo no se extinga, los demás ángeles protegen otros puntos en el divino universo. Por esto Miguel es de una jerarquía superior, pues por él el universo se mantiene encendido. Más tarde será el Hijo de Dios quien tendrá la misión de Cristalizar el brillo de Dios en todas partes.

El Arcángel Miguel enfrentó directamente a Shaitan y le respondió ¿Qué has dicho? Te olvidado del Creador, te has olvidado de Dios ¿Quien como Dios?. Con esas palabras demostró su fidelidad, olvidándose de sí mismo y asumiendo la responsabilidad como defensor de un mandato superior. A partir de ese momento se desató la guerra, pues todos los ángeles a las ordenes de Miguel avanzaron sobre los ángeles que habían simpatizado con Shaitan. Esta guerra duró miles de millones de años, hasta que las dos terceras partes de los ángeles lograron vencer a la tercera rebelde y desordenada que fue arrojada a los abismos, esto es, fuera del universo posible de conocer. En la correspondencia física del relato, las dos terceras partes tienen relación directa con cierta cantidad de astros que fueron abortados del firmamento, pues eran estrellas que no lograban establecer sus órbitas ordenadamente provocando caos y destrucción al resto de los astros, los que ya estaban preparados para recibir el germen de la vida.

Fue en ese momento que la maldición se pronunció, pero esto no significa que alguien haya dicho algo, significa que en el universo se quebró la paz que existía hasta entonces, y lo que se creara ya no tendría jamás el acuerdo beneplácito de todos los ángeles, de toda la Creación del Señor. De allí hacia adelante en la evolución, los ángeles caídos o arrojados al abismo, han tratado de malograr toda creación sobre el hombre con el fin de demostrar que el hombre no sirve para nada, y sean reconocidos, estos ángeles como que tenían razón. Por esto aquel ángel rebelde, que más tarde fue conocido como Satán, lleno de soberbia y desprecio, quiere destruir al ser humano, pues no es de su agrado y lo considera un ser totalmente inútil.

Los astros abortados del firmamento, fueron a los abismos y se convierten a veces en errantes cometas o bólidos de masa informe que surcan los espacios, para la visión terrestre, cuando toman contacto con el oxígeno, se encienden dejando una estela luminosa, tal como vemos en muchas noches, pero en su correspondiente lectura mística, tienen que ver con los ángeles arrojados fuera del sistema sideral.

Como en toda guerra, también hay arrepentidos y esta no es una excepción. Muchas veces, aquellos astros que pasan como estrellas fugaces, cumplen con una función benéfica hacia los humanos, es como si aquellos rebeldes buscaran una reconciliación con Dios y sus criaturas. Hubo muchas de esas almas que llegaron a los mundos para trabajar y cumplir con el mandato de Dios ya que si no lo hacían eran inmediatamente separados y arrojados hacia planos que no se pueden conocer, llamados genéricamente abismos. Aún así, esas almas rebeldes desarrollan una conciencia orientada hacia fines no evolutivos terrenales, pues no creen en que la evolución pueda partir desde la tierra misma sino que piensan que lo mejor está en los cielos y a toda costa intentan llevarse almas para rearmar su grupo derrotado al comienzo, sea a costa del engaño o fomentando creencias que a la larga demuestran el error.

San Miguel es el príncipe de la milicia celeste, está vestido con ropas que recuerdan el rojo del fuego y el azul de la justicia, un cinturón de oro ciñe su cintura, significando el beneplácito y sostén que Dios le da. Porta en su mano derecha la espada de doble filo, la que separa lo verdadero de lo falso venciendo a los soberbios que disfrazan sus argumentos siempre en favor de razones egoístas.

En su mano izquierda lleva la balanza de los platillos dorados. Esto alude a la justicia divina que Dios le concedió por haber vencido y logrado la paz en el universo.

No es a los seres humanos a quienes les corresponde juzgar o maldecir a aquellos ángeles rebeldes, no están bajo la supervisión humana ni son juzgados por esta, sino que es a Dios a quien le corresponde ejercer su voluntad tanto sobre ellos como sobre cualquier mortal. La única defensa que tiene el ser humano es Dios y su escudo llamado Miguel.

Miguel es, en otra lectura la conciencia y la razón venciendo a las tinieblas, pues una vez que la mente humana lucha con sus miedos, enciende la verdad que puede mantenerse gracias a un constante equilibrio entre potentes fuerzas que toman formas diversas en los planos sutiles del espíritu. La razón es la primera llave que el ser humano tiene para abrir los canales del conocimiento, una vez que lo logra debe actualizar su saber dejando atrás antiguas creencias, tomando otras llaves nuevas que enriquezcan al espíritu. No están al alcance de quien no hace un esfuerzo para elevar su conciencia a planos más elevados donde reina el amor, pues conforma una realidad que está fuera de toda lógica conocida en el cotidiano mundo actual y no alcanzable por medio de ficticias razones, sino transitando el difícil camino de la verdad, la cual no siempre es la realidad que creemos percibir.


SAN JOFIEL ARCANGEL





Todos los arcángeles poseen un retiro en una zona del Cielo, a la que se denomina “octava etérica”. El del ángel Jofiel se halla en China, al sur de la Gran Muralla.

El significado de su nombre es “hermosura del Señor”. Se dice que es el custodio del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, el guardián de los buscadores de la Sabiduría y de la Verdad, así como el maestro de los descendientes de Noé. Es enemigo de los hombres que se interesan en aprender conocimientos triviales.

Se lo suele identificar con el ángel Yefefiah, el príncipe de la Ley -que en la religión hebrea es la Escritura de la Torá-. Enseñó a Moisés, el Elegido, los secretos de la cábala judía. Es también quien transmite las las enseñanzas sapienciales de Confucio, del buda Gautama y de Lao- Tse.
El Arcangel Jofiel
El Arcangel Jofiel

Dios ideó polos masculinos y femeninos en el Mundo: Alfa y Omega o Dios Padre y Madre sirven de ejemplos. También cada arcángel posee un complemento femenino, al que se denomina “arcangelina”. El del arcángel Jofiel es la Arcangelina Cristina.

Jofiel viste una túnica dorada semejante a un rayo de fuego. Este resplandor es capaz de enceguecer, dado que las criaturas aladas habitan la primera banda de color que rodea el centro de “fuego blanco del cuerpo causal”.

La doctrina budista sostiene que las criaturas angélicas tienen la misión de demoler la ignorancia de la Humanidad. El buda Gautama ha afirmado que se multiplicaron diez veces las filas de los ángeles de Jofiel en la Tierra, y que en las próximas décadas se seguirán reforzando sus bendiciones.

El Budismo considera que los ángeles son seres de la Iluminación, capaces de señalar los caminos místicos en todas las religiones terrestres, sin diferencias, y con pluralidad. Porque el Señor brindó diversas vías para que los pueblos hallaran la comprensión y el auténtico entendimiento de su yo real, su Buda interno.

El séquito angélico de Jofiel no sólo anuncia los misterios divinos sino que denuncia la rebeldía de los ángeles oscuros.


SAN SAMUEL O CHAMUEL ARCANGEL





Es un miembro del grupo solar o angélico, cuya maravillosa y efectiva labor en estos tiempos de cambio consiste en ayudarnos a encontrar las condiciones materiales más favorables para evolucionar sobre el planeta Tierra.

Shamuel ( o Chamuel) es el director de todos los ángeles rosa del amor Divino que laboran en nuestro universo. Animan al género humano a tomar conciencia de que el amor más grande que se debe tener es el amor por el propio ser interno, al lograrlo desaparecen todos los sufrimientos y depresiones causantes de tantas infelicidades y tantos conflictos internos.

Los ángeles del amor también se ocupan de hacer que tu vida sea más fácil; el arcángel Shamuel asignará ángeles que te ayuden en tu vida diaria como si fuesen tus ayudantes personales; puedes pedirles que hagan recados (entre ángeles de la guarda), que preparen para el éxito tus reuniones y proyectos especiales, en beneficio de tus asociados, familia y relacionados. Son expertos en mejorar la comunicación entre las personas. Puedes pedirles que ayuden a tus familiares a que se entiendan entre sí y que te ayuden a ser más comprensivo para poder satisfacer necesidades de los demás.

Así que si tus hijos se pelean o no te llevas bien con tu pareja, jefe o vecinos, o si te parece que no eres capaz de atraer el tipo de relaciones que deseas, añádele a tu ritual diario algunas oraciones a los ángeles del amor. Verás como ellos te ayudarán a transformar tu manera de entenderte con las personas que están cerca de ti.


SAN GABRIEL ARCANGEL





Uno de los tres ángeles citados por su nombre propio en la Sagrada Escritura. «Gabriel» significa «héroe de Dios». Aparece en el libro de Daniel y en el Evangelio de San Lucas. — Fiesta: 24 de marzo. Misa propia.

Gabriel es el «angélico mensajero». La máxima de sus intervenciones en la Historia de la Salvación es aquel sublime diálogo con María, encuadrado en toscos muros nazaretanos, pero reconocido por los cristianos de todo tiempo y lugar como el momento centro de la Historia humana. Nos sentimos atraídos irresistiblemente a contemplar a Gabriel en esta escena, como tantos creyentes y artistas de los siglos pasados y del actual. Pero antes fijemos brevemente nuestra mirada en las embajadas preliminares del arcángel, etapas progresivas de su misión de mensajero.

En primer lugar, Gabriel se aparece a Daniel para aclararle el sentido de una extraña visión que tuvo el profeta, en el año tercero del reinado de Baltasar. Era la visión del carnero y el macho cabrío, que se combatían ferozmente junto al río. Daniel, israelita en el destierro, fue el profeta de las grandes visiones históricas, proyectadas hacia la venida del Mesías. Dios le inspiraba las visiones y, casi siempre, también le sugería su interpretación. En esta ocasión Dios manda a Gabriel que explique la visión a Daniel. Daniel cae de bruces ante la presencia del Ángel, pero éste le levanta tocándole. Toda la Majestad de Dios ha sido comunicada a la presencia de su mensajero. Y manifiesta la visión, refiriéndola a los reinos que se sucederán en los siglos futuros.

Más tarde, en el reinado de Darío, vuelve Gabriel, «volando raudo» a la vera del profeta Daniel, para atender a su instante oración en favor del pueblo de Israel, oprobio de las gentes. Pronuncia la famosa profecía de las setenta semanas de años que transcurrirán hasta la llegada del Mesías. Ahí está Gabriel, en la más alta miranda del Antiguo Testamento, señalando ya el tiempo determinado por Dios para establecer su Alianza definitiva con la humanidad.

Salta Gabriel, con agilidad de arcángel, el puente del tiempo, y, al cumplirse el plazo anunciado por él mismo, de parte de Dios, vuelve a la tierra, a Israel. Aún no es el momento último, es el último preparativo. Viene a edificar el umbral del Nuevo Testamento, a anunciar a Zacarías, sacerdote del Altísimo, que el hijo de su ancianidad será el precursor del Salvador mismo, preparándole un pueblo debidamente dispuesto. Zacarías duda, y entonces Gabriel revela su personalidad y su misión: «Yo soy Gabriel, que asisto a la presencia de Dios, y he sido enviado a hablarte y darte estas buenas nuevas». Es uno de los siete ángeles que asisten a la presencia de Dios, como Rafael, dispuestos a llevar los más altos mensajes del Señor. Son los más sublimes arcángeles. Y así como Daniel cayó de bruces ante la presencia de Gabriel, aunque el mismo arcángel le levantó, Zacarías, que de la turbación no pasó a la fe sino que dudó de la profecía milagrosa, quedó enmudecido «hasta el día en que se cumplirán estas cosas».

Pero entre la profecía y el nacimiento de Juan tiene lugar el gran Anuncio, la suprema embajada que jamás criatura alguna ha recibido. Y la lleva el Arcángel Gabriel. Su palabra angélica lanzará el puente; la palabra humana de María, la esclava fiel, le pondrá orilla de destino; y la unión se consumará encarnándose la Palabra, el Verbo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad.

San Lucas nos transmite la sobrenatural sencillez del diálogo, cuya oculta riqueza ha sido plasmada en colores a partir ya de los frescos catacumbales. Gabriel lleva la iniciativa, el mensaje de la Buena Nueva. María, ante tanta sobreabundancia de dones divinos, silenciosa, reflexiona, medita. El arcángel proyecta más luz aún sobre la arcana elección y desgrana los anuncios proféticos, dándoles tono de cumplimiento. María concebirá al Deseado da» las naciones, al Mesías. Ante la serena pregunta de la Virgen, puesta de repente frente al futuro de su maternidad, Gabriel lleva a la cumbre su revelación y anuncia el descenso del Espíritu Santo, del poder del Altísimo, que reposará sobre María, verdadera Arca de la Alianza, tabernáculo corpóreo de la Divinidad. Y añade una señal confirmativa: Isabel, la anciana, ha concebido un hijo.

Ante María, el panorama, inescrutable en toda su grandeza, profundidad y responsabilidad, de la maternidad divina-mesiánica. Por Gabriel ha hablado el mismo Dios, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios que sacó a Israel de Egipto, el Dios que va a venir a salvar a su Pueblo, a congregar a sus hijos de todos los confines de la tierra. Todo el mundo, gimiendo quizá inconsciente por la liberación, está expectante. Y María acepta: «Hágase en mí según tu Palabra». En ella toda la tierra ha aceptado el don del cielo, se ha consumado el matrimonio espiritual entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana.

El arcángel había promovido la Fe, su misión quedaba sobradamente cumplida. Y se retira al tiempo que, en la preciosa simultaneidad recogida por el Ángelus popular, el Verbo de Dios plantaba su tienda entre los hombres, se encarnaba en las puras entrañas de la Doncella. Gabriel ya no aparece más en las Sagradas Letras con su nombre. Probablemente su voz descolló entre los coros angélicos que cantaron el nacimiento de Jesús en Belén y lo anunciaron a los pastores. Su misión había llegado ya a la cima en la Anunciación de Nazaret, ya se había ganado con todo mérito el título de Ángel de la Encarnación.


SAN RAFAEL ARCANGEL





El Arcángel San Rafael, uno de los espíritus celestiales que, gozando de la beatífica y eternal presencia de Dios, se nos han manifestado nominalmente, fue enviado por divina dignación para destacar dos hechos importantes de tal protección: la curación de Sara de la opresión del demonio y la curación de la ceguera de Tobías, juntamente con la protección viandante al joven Tobías. Es por ello que la Iglesia, particularmente en España, celebra su fiesta con especial veneración; siendo muchas las instituciones puestas bajo su especial patronazgo, entre ellas, las fuerzas municipales de la Guardia Urbana y la Orden de San Juan de Dios en sus hospitales. — Fiesta: 24 de octubre. Misa propia.

Es San Rafael uno de les tres santos mílites de la corte celestial que nominalmente venera la Madre Iglesia y destaca como dignos de veneración particular. Su historia está referida en el Libro de Tobías del Antiguo Testamento. Se cuenta en dicho Libro que el santo Patriarca Tobías de la Ley mosaica destacaba por su virtud y temor de Dios, practicando todas las obras de misericordia y caridad. Permitió el Señor, no obstante, que sufriera tribulaciones y trabajos: fue cautivo en Nínive de Salmanasar, perdió sus bienes y hacienda y hasta fue condenado a muerte por el rey Senaquerib, librándose de ella mediante la fuga. Al regreso a su casa, dedicóse nuevamente a obras de misericordia.

Fatigado un día del trabajo de enterrar a los muertos, israelitas como él y víctimas de las iras del rey, quiso descansar junto a una pared, cayéndole entonces en los ojos, mientras dormía, inmundicias de un nido de golondrinas y quedando por ello ciego. Sobrellevó con admirable paciencia y resignación esta prueba del Señor, soportando hasta agravios y ofensas de su mujer y amigos, que se burlaban y hacían mofa del poco provecho que sus penitencias y virtudes le habían traído. “Todo ello le causaba profunda pena, por lo que rogaba fervientemente al Señor auxilio y consuelo. Al mismo tiempo que Tobías insistía en tales fervientes súplicas, una doncella llamada Sara, hija de Raguel, vecina de Rages, ciudad de los medos, rogaba también a Dios la librara de la desgracia que la afligía, con la muerte de sus varios esposos, apenas contraía matrimonio. Oyó el Señor las oraciones de Tobías y de Sara y envió a su Arcángel Rafael para aliviarlos.

Creyendo el anciano Tobías próxima su muerte, llama a su hijo para bendecirle, darle sus últimos consejos, que detalla prolijamente el Libro santo, y enviarle a cobrar a Gabelo, un pariente suyo, residente en Rages, una deuda de diez talentos, que otrora le prestara; a cuyo efecto vaya luego en busca de acompañante que le guíe y dirija a Rages.

Obedece el joven Tobías y, al salir de casa, encuéntrase con un apuesto joven que se le ofrece para tal viaje. Preparado todo lo conveniente, emprenden luego ambos el camino. Tras la primera jornada de viaje, aposentáronse a descansar en las orillas del Tigris, circunstancia que aprovecha Tobías para lavarse los pies.

De repente un pez monstruoso sale del río y ataca a Tobías; a las voces del joven, acude el Arcángel Rafael, que no otro era el acompañante de Tobías, y le ordena que, abrazándose al pez, lo saque del agua; y así, muerto el mismo, le dice que abra sus entrañas y le saque el corazón, la hiel y el hígado, para servirse de ellos en su tiempo; preparando el resto para alimentarse durante el camino cuando de ello tengan necesidad.

Pasando por casa de Raguel y prendado Tobías de la joven Sara, le dice el Arcángel la pida por esposa, pues no le ocurrirá como a los demás maridos habidos por ella, ya que su corazón era puro y no cautivo de la lujuria. Raguel aceptó a Tobías con grande gozo y le dio su hija única, enterado por Rafael de que sería ahuyentado el demonio, causante de los anteriores males, al cumplir el joven Tobías las instrucciones que él le diera.

Entonces saca el muchacho un pedazo del corazón del pez y lo pone sobre unas brasas encendidas en su aposento; mientras, el demonio culpable, atado por el arcángel, era conducido por el mismo a un desierto del alto Egipto, para que no perturbase más la paz de Sara, que persuadida por Tobías, y siguiendo las instrucciones de Rafael, se pasa la noche en oración para vencer así al enemigo.

Ana, esposa de Raguel, temerosa de que ocurriera como las veces anteriores, envió una de sus criadas al aposento de Sara, regresando ella con la feliz nueva de que los esposos dormían plácidamente. Celebrado al día siguiente un gran banquete de bodas, Raguel hace a Tobías cesión de la mitad de su hacienda, como dote de su hija, transmitiéndole el dominio de la otra mitad para después de su muerte.

Permanece Tobías en casa de Raguel por espacio de dos semanas, mientras Rafael realiza el encargo del anciano Patriarca, tan satisfactoriamente, que hace que el mismo Gabelo vaya a casa de Raguel a pagar a Tobías la deuda y participar en el general regocijo.

Sin embargo, en casa del Patriarca, la tristeza era grande; Ana, madre de Tobías, lloraba su tardanza; y aunque el anciano la consolaba con buenas razones, ella ascendía todos los días a una cumbre para divisar el regreso de su hijo, llorando inconsolable. Al fin, Tobías y su esposa Sara, aconsejados por Rafael, emprenden el camino de regreso al hogar de aquél, con grande acompañamiento de criados y después de haber recibido la mitad de la hacienda ofrecida, en dinero, alhajas y ganados. Avanzado el camino, Rafael insta a Tobías para que se adelante con él, anticipando el regreso, diciéndole: «Lleva contigo algún tanto de la hiel del pez, porque será necesario dentro de poco».

La madre, que observaba desde lo alto, al divisarlos, llena de alegría, avisa de ello a su esposo y entonces el perro, compañero fiel del joven Tobías que se ha acercado hasta ellos, confirma en el más grande gozo y alegría el corazón de los ancianos padres, ante la inminente llegada del hijo ausente, que les abraza seguidamente, con lágrimas de gozo y satisfacción.

Dadas gracias a Dios y ofrecidos al Señor sacrificios de adoración, toma el joven Tobías de la hiel del pez, según su acompañante Rafael le previniera, y unta a su padre en los ojos, recobrando éste entonces la vista, tan sana y perfecta desde aquel momento, como si nunca hubiera padecido ceguera.

Bendijo nuevamente al Señor el anciano y todos los suyos con gran alegría, que subió al límite cuando a los siete días entraba Sara con sus criados y riquezas. Hubo grandes fiestas y convites; y conociendo el anciano Tobías que todos aquellos bienes procedían de la mediación y bondad del guía, cuya personalidad ignoraban, dijo a su hijo: «¿Cómo podremos agradecer, hijo mío, los bienes que nos ha prodigado este joven que ha sido tu guía?».

«Padre, yo no sé, respondió el hijo, qué recompensa sea digna de él; que me llevó y trajo sano y salvo; cobró la deuda de Gabelo; hizo que Sara fuese mi esposa, ahuyentando el demonio que la atormentaba y llenando de gozo la casa de sus padres; me libertó del pez y curó a vos, padre, la ceguera, para que vierais nuevamente la luz del Cielo. Suplicadle, padre mío, se digne recibir siquiera la mitad de todo cuanto hemos traído».

Creyólo muy prudente el santo varón; y llamando a Rafael, le rogaron con encarecimiento se dignase aceptar la mitad de los bienes recibidos.

Entonces San Rafael, desvelando su secreto, les habló así «Bendecid a Dios del cielo y dadle gracias ante todo, porque ha usado con vosotros de su misericordia. Yo soy el Arcángel Rafael, uno de los siete que estamos delante del Señor».

Al oír esto, los dos Tobías se turbaron y, llenos de temor, cayeron en tierra.

San Rafael les dice entonces dulcemente: «No temáis, porque cuando yo estaba con vosotros, estaba por voluntad de Dios. Bendecidle y cantad sus alabanzas. Ya es tiempo de que vuelva al que me envió. Vosotros bendecid siempre al Señor y contad sus maravillas».

Dicho esto desapareció y no volvieron a verle.


SAN URIEL ARCANGEL





Su nombre significa Fuego de Dios . Se le representa con una espada en el jardín del Edén. Se lo considera al Arcángel puesto por el Padre Eterno a las puertas del Paraíso con su Espada de Fuego, Aquel que expulso a Adán y Eva.

Combate el espíritu de la ira, del odio y de la impaciencia, poniendo en el corazón las virtudes de la dulzura, benignidad, paciencia y mansedumbre. Con la dulzura y la paciencia vencemos y atamos al espíritu malvado. Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso a vuestras almas (Mateo 11, 29).

Uriel nos rodea con su corona ardiente de amor, de paciencia y de bondad. El cuida todos los lugares de las apariciones Marianas, enriqueciéndolos de gracias. Jesús afirmó en unas de sus revelaciones: Cuando los ejércitos rojos avancen, ellos atravesarán tan solo al precio de la muerte y con la pérdida de sus vidas, el cinturón de fuego colocado delante de los lugares de las apariciones de mi Madre .

Ya en el cuarto siglo, Uriel es recordado en el martirologio. El tiene en su mano izquierda la antorcha ardiente o una espada flameante, la llama ardiente del amor de Dios. Uriel fue el encargado de expulsar a Adán y Eva del Paraíso, y custodiar su entrada con aquella espada de fuego, de la que nos habla el Génesis. También se lo representa con sus manos abriéndose las vestiduras del pecho, para dejar salir el Fuego Sagrado de Amor (como hacía San Francisco Xavier) El Señor, en efecto ha dicho: Yo he venido a prender fuego a la tierra; y como desearia que ya estuviese ardiendo (Lucas 12, 49). Que en nuestros corazones, arda, el fuego de la Gracia y del Amor de Dios. Cuan grande sea el deseo de Jesús, de esto, lo vemos en su Sacramento de la Eucaristía. Allá está su Amor que vence toda cosa viviente, escondido en su Carne y en su Sangre, para estar siempre con nosotros.

Sobre el Altar y en el Tabernáculo, está la Fuente del Amor, allá está la Omnipotencia por excelencia! Allá nosotros deberíamos encontrar la Gracia, para que el Fuego del Amor se haga en nosotros luz viva y resplandezca en las tinieblas. Si nosotros nos postramos humildemente adorando con gratitud y respeto a Dios en este Santo Sacramento; entonces también en nosotros arderá el fuego del Amor de Dios y llegará a ser Luz.

Pedimos a Uriel, nos libre de caer en la pasión del odio, la ira y la impaciencia, y también nos proteja de personas malvadas, iracundas, nerviosas; y derrame en nuestro corazón y en el alma de los que nos rodean, el Amor, dulce, suave y sereno. (En la iconografía se representa a San Uriel mostrando su pecho y su corazón ardiente de Caridad).


SAN ZADKIEL ARCANGEL





.. El Amado Zadkiel es el Arcángel a cargo del Fuego Violeta de la INVOCACIÓN y la TRANSMUTACIÓN. Este conocimiento te permite a TI y a todo aquel que tenga a bien hacerlo invocar este Fuego Sagrado dentro de su Ser y mundo para que la energía imperfecta, que es la CAUSA de la aflicción tanto ahora como en un futuro, puede ser TRANSMUTADA sin dolor, mediante el Amor que está contenido dentro de la Llama Violeta, en vez de tener que experimentar innecesariamente dolor y sufrimiento.
.. NO LE TENGAN MIEDO a este Fuego Violeta, ya que únicamente disuelve y transmuta la energía que ha sido calificada equivocadamente por el pensamiento, sentimiento, palabra o acción. Cuando se le utiliza con sinceridad produce estabilidad y liviandad, ya que la acumulación humana es un verdadero PESO y PRESIÓN alrededor de ustedes. En algún momento esta creación humana debe ser disuelta y transmutada en perfección.
.. Al Complemento Divino del Arcángel Zadkiel se le conoce como la Santa Amatista, y cuando se les invoca para que el Fuego Violeta surja a través de cada parte del propio ser y mundo, sus Ángeles del Fuego Violeta avanzan instantáneamente respondiendo a ese llamado.
.. Ni ustedes ni ser humano alguno puede experimentar la plenitud de la perfección de Dios en sus mundos, ni mientras están aquí en la Tierra ni después de la llamada muerte, hasta que toda su creación humana, lo cual entrañaba toda mala utilización de la vida en sus pensamientos, en sus sentimientos, por sus actos y por su memoria, haya sido eliminada por completo. De hecho, ustedes son afortunados en conocer de este Fuego Violeta, que es la Herramienta Divina que puede más rápidamente prestar este servicio. La Llama Violeta no actúa por su cuenta ya que se requiere que ustedes invoquen seria y sinceramente al Maestro Saint Germain, al Arcángel Zadkiel, a la Santa Amatista y a los Ángeles del Fuego Violeta.


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